Nuestra escapada a la isla de Ons desde Sanxenxo

Hay momentos en los que el ruido constante de las notificaciones, las auditorías técnicas y la presión de dirigir las campañas de la agencia exigen poner un freno drástico. Cuando la sobrecarga de pantallas y el mundo digital se vuelven insostenibles, mi mejor vía de escape siempre tiene cuatro ruedas y un motor. Este último fin de semana, mi novia y yo decidimos que era el momento perfecto para arrancar la camper, dejar atrás el asfalto de Vigo y poner rumbo a uno de nuestros refugios favoritos para desconectar: la Isla de Ons, zarpando desde Sanxenxo.

La logística para llegar a Ons tiene su pequeño ritual, pero es mucho más sencilla de lo que parece si te organizas con algo de margen. El primer paso innegociable, y algo que siempre advierto a cualquiera que planee esta ruta, es solicitar la autorización previa de la Xunta de Galicia. Al formar parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, el cupo diario de visitantes es muy limitado para proteger el delicado entorno natural. Con el código QR de la autorización ya guardado en el móvil, el siguiente paso es comprar los billetes de barco online con alguna de las navieras que operan en las Rías Baixas.

Conducir la camper por la costa hasta Sanxenxo ya empieza a cambiarte el «chip» mental. Al llegar, el mayor reto logístico suele ser encontrar un buen sitio donde dejar la furgoneta, especialmente si vas en temporada alta. Nosotros solemos buscar aparcamiento en las zonas un poco más alejadas del bullicio del puerto deportivo, o incluso hacia la zona de Portonovo, desde donde un paseo no muy largo te deja directamente en la taquilla de la naviera en el puerto de Sanxenxo para validar los billetes impresos.

El momento de embarcar es el punto de inflexión. Cerrar la camper y subir al catamarán se siente como cruzar una barrera física entre el estrés laboral y la calma absoluta. El trayecto a la isla de ons desde sanxenxo dura apenas unos 40 minutos. Es un viaje verdaderamente espectacular en el que vas surcando la Ría de Pontevedra, sintiendo el salitre y la brisa atlántica en la cara, mientras ves cómo la silueta agreste de la isla se hace cada vez más imponente en el horizonte.

Pisar el muelle de Ons es entrar en un ritmo vital diferente. No hay tráfico, no hay prisas y la cobertura a veces juega al escondite, lo cual, francamente, es el mejor de los regalos. Nuestra rutina en la isla siempre implica hacer la ruta de senderismo circular hasta el faro, perdiéndonos entre los acantilados de la cara oeste, donde el océano rompe con una fuerza sobrecogedora. Después de caminar, es casi obligatorio terminar la jornada degustando un buen pulpo en alguno de los locales tradicionales cerca del puerto antes de coger el barco de vuelta.

Al atardecer, cuando el catamarán nos devuelve a la ría y volvemos a abrir la puerta de nuestra camper en Sanxenxo, la sensación es de un reinicio absoluto. Volvemos a casa con las pilas completamente cargadas, sabiendo que la verdadera desconexión está a solo un viaje en furgoneta y un paseo en barco de distancia.