Anatomía del anillo nupcial: ¿de qué partes se compone?

La pedida de mano es el primer paso hacia el «sí, quiero» en el altar. Pero este momento decisivo está ligado a dos joyas muy especiales: los anillos y alianzas de compromiso. Su elección no debe tomarse a la ligera, no solo por el alcance económico de esta inversión, sino por su valor sentimental.

Porque el conocimiento es poder, los novios acertarán al informarse sobre las distintas partes que componen una alianza o anillo nupcial. La más importante y visible es la gema central. Sobre esta piedra, generalmente un diamante, se focaliza toda la atención. En los últimos años se ha apostado por diseños más innovadores que agregan piedras laterales, como esmeraldas y zafiros.

Otro elemento fundamental es la montura o engaste, descrito en el DLE como el «cerco o guarnición de metal que abraza y asegura lo que se engasta». En otras palabras, es la solución adoptada por el maestro joyero para sujetar y afianzar la piedra a la banda. Tradicionalmente, se han utilizado garras o uñas y biseles, el efecto pavé, el engaste en canal o el moderno flush setting, entre otros.

En la ‘anatomía’ de cualquier anillo de bodas y de compromiso también destaca la banda, que rodea el dedo y sirve de soporte a la gema o piedra principal. Se fabrica en metales nobles de cualidades hipoalergénicas, tales como el oro o la plata, con una cara interna redondeada para garantizar el máximo confort. Para seleccionar la talla correcta, debe medirse el diámetro del dedo anular.

Por último, la tradición de grabar mensajes en el interior de la banda se remonta a la Antigua Roma y goza del favor de las nuevas generaciones. Se estilan inscripciones básicas (el nombre del ser amado y la fecha del enlace) y otras más imaginativas («Somos uno solo», «Amor Vincit Omnia», etcétera).